Vindicación de los intérpretes

Estmado lector:

Hoy publicamos una colaboración de la colega Gloria Rivas quien es traductora e intérprete y miembro de la ACTI en el órgano de base de la Uneac.

Vindicación de los intérpretes

Gloria RivasPor Gloria Rivas.
Traductora e Intérprete,  D/B Uneac

El intérprete simultáneo suele ser un profesional altamente calificado, como los abogados y los médicos. El intérprete es un graduado universitario, con una amplia cultura general, con las habilidades necesarias en dos o tres idiomas para trasladar correctamente a otro idioma al menos un 95% de lo que expresa el orador. El intérprete no es una molestia, digamos más bien que es un mal necesario, cuando el orador desea llegar con su información a la mayor cantidad de personas posibles.

Sin embargo, cuando una persona enfrenta un juicio legal no va en busca de un notario, va en busca de un penalista, de un abogado defensor. Cuando una persona desea operarse de cataratas, no busca al médico de la familia, busca a un cirujano oculista. Y resulta que, al menos en Cuba, existen pocos intérpretes especializados en una sola materia, quizá porque somos un país en desarrollo relativamente pequeño. No obstante lo anterior, muchas veces los organizadores de eventos le piden al intérprete que traduzca los más disímiles temas (cirugía de cabeza y cuello, veterinaria, industria farmacéutica, religión, filosofía, el premio de coctelería Havana Club, etc., etc.) sin preparación previa, en ponencias mediadas por oradores con acentos difíciles de desentrañar, que a veces tienen dificultades del habla, o que hablan en un idioma que no es el suyo, apoyados en diapositivas que aparecen en una pantalla que el intérprete no logra ver desde su lugar de trabajo. Entonces, para que el intérprete pueda serle útil y prestar un servicio de calidad, el orador debe tener en cuenta lo siguiente:

  • A velocidad de lectura, sobre todo si queremos leer el discurso que hemos preparado para una hora en 15 minutos, resulta imposible que se realice una buena traducción. Es más, realmente para el público resulta incómodo escuchar un discurso leído a toda velocidad. Si usted va a leer, debe entregar una copia de su discurso al intérprete con antelación, con ello le dará al intérprete una posibilidad de hacer mejor su trabajo (y de paso, los que lo escuchan en otro idioma lo van a agradecer). De todas formas debe tener en cuenta que una parte del público necesita del intérprete y que el intérprete debe escuchar, entender, trasladar al otro idioma, y hablar al mismo tiempo.
  • La frecuencia de uso de las frases en latín no es la misma en un idioma que en otro. Si usted va a utilizar palabras en latín, al menos hágale llegar la frase al intérprete. Corre el riesgo de que el intérprete no encuentre el equivalente adecuado y deba repetirla en latín, y esa frase en latín no siempre es comprendida en el otro idioma. Digamos que “tu quoque fili mi” es más conocida en inglés como “et tu, Brutus?” (que no es latín) porque se tomaron de fuentes distintas, por sólo citar un ejemplo.
  • En cuanto a los chistes, algunos son intraducibles. Para todos debe buscarse una solución. Discuta el chiste de antemano con el intérprete. Igualmente si va a terminar con una frase hecha, de su propia invención, que deba provocar la risa o un suspiro de satisfacción del público. Mucho más si usted va a citar un versículo de la Biblia, a un filósofo, a un poeta, a un político, a un escritor. Si un orador llena su ponencia de citas de “Paradiso”, para que el intérprete lo traduzca al vuelo, sin dar al intérprete tiempo de intentar una traducción, corre un riesgo enorme de no ser entendido más que por aquellos que hablan su propio idioma, en el mejor de los casos.
  • Por último, hable con claridad. Haga pausas. Pronuncie bien, sobre todo aquellos vocablos que usted conoce tan, pero tan bien que a veces suele mascullarlos y que un intérprete no especializado puede no entender o desconocer. El público a quien va dirigido su discurso también agradece a un buen orador, no sólo el intérprete.

El intérprete es, al igual que el ingeniero o el historiador, un graduado universitario que se está esforzando por servirle a usted. No golpee el micrófono con el dedo para saber si funciona, tenga en cuenta que el intérprete tiene puestos los audífonos y que, al hacerlo, está golpeándole el tímpano, que es una parte importante de sus implementos de trabajo. Simplemente pregunte ¿se me escucha? Y verá al intérprete asentir o negar con la cabeza, o hacerle señas de que sí o de que no. Gracias por su cooperación. Ayúdenos a servirle mejor.
G.Rivas.