Mi evocación de Frank
Hoy compartimos la evocación de Frank Vales Bermúdez, traductor, intérprete e investigador de presidente profesión, fundador de la ACTI, que escribió Rodolfo Alpízar, escritor, lingüista y traductor. Premio Aurora Borealis (por la obra de la vida) de la Federación Internacional de Traductores (FIT), en la categoría “traducción literaria de no ficción” (2011) y vicepresidente de la ACTI. Sirva esta evocación como tributo a Fran en el primer aniversario de su fallecimiento.
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Mi evocación de Frank
Por Rodolfo Alpízar Castillo
En diciembre de 2008, dos organizaciones internacionales, con el apoyo del ESTI, la ACTI y el CTTIC (la asociación de traductores canadienses), realizaron en Cuba el Congreso Mundial de Traducción Especializada. Al encuentro se presentó un señor alto y corpulento, sesentón, elegantemente vestido. Era cubano, y regresaba al país luego de varios años de ausencia.
Los amigos lo reconocieron al instante; otros, muchos otros, sobre todo jóvenes traductores o estudiantes de traducción, al oír su nombre se abalanzaron a saludarlo. Todos ansiaban verlo, darle la mano, hacerse una foto a su lado, tener la oportunidad de más tarde afirmar que habían conocido a esa persona de que tanto habían oído hablar.
«Eres el hombre leyenda de la traducción en Cuba», le comenté. «Lo dijiste tú, no yo», replicó con la sonrisa burlona que los amigos le conocíamos.
Ese hombre leyenda se llamaba José Francisco Vales Bermúdez; para nosotros, Frank Vales, o Frank.
No sin motivo lo califico hombre leyenda; no sin motivo tantos representantes de distintas generaciones de traductores, intérpretes y profesores de traducción lo convirtieron, durante los días de aquel congreso, en uno de los asistentes más asediados.
¿El motivo?: Es imposible hablar de enseñanza de lenguas, de traducción, de interpretación, en Cuba, sin mencionar su nombre.
No soy el indicado para hablar de su aporte a la formación de los primeros traductores e intérpretes con posterioridad a enero de 1959, porque lo conocí en la segunda mitad de los ochenta. Espero que algún día alguien se honre a sí mismo escribiendo la historia de aquellos tiempos fundacionales, de las escuelas Pablo Lafargue y Máximo Gorki, donde Frank estudió, enseñó y dirigió, y de donde surgieron tantos colegas, algunos que ya no nos acompañan, que llenan de orgullo a quienes ejercemos la profesión. Seguramente en esa historia el nombre de Frank ocupará uno de los lugares más destacados.
Sus cualidades como intérprete son también harto conocidas, así como su labor organizativa en el ESTI, y como impulsor de la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes y su primer presidente; por eso no me detendré en esa parte de su labor.
Quiero resaltar lo que hace de Frank, para mí, una personalidad excepcional en el entorno cubano.
Frank Vales es el cubano que demostró que traducción, interpretación, terminología científico-técnica y enseñanza de lenguas, además de ser puente para las culturas, la ciencia y la tecnología, para el entendimiento humano y la paz, son también un área de extraordinarias oportunidades económicas para un país como Cuba, pobre en recursos materiales, pero con un elevado número de especialistas bien formados.
Con una inversión mínima en equipamiento, mirada amplia y una estrategia de desarrollo y evolución constante, ajena a cualquier concepción burocrática o anquilosada, Frank fundó en 1989 el centro de Traducciones y Terminología Especializada (CTTE) de la Academia de Ciencias (la que después se llamaría Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente), como un área de trabajo dependiente del Instituto de Documentación e Información de Ciencia y Técnica (IDICT), entonces dirigido por Humberto Arango, quien, a su vez, estaba convencido de que la información científico-técnica es un área de oportunidades económicas para Cuba, y quiso demostrarlo en la práctica.
En 2007, un año antes del congreso antes citado, tuve la oportunidad de participar en una reunión entre su principal organizador extranjero y un joven especialista que por entonces dirigía el IDICT, quien, evidentemente, desconocía la historia del centro que encabezaba. El colega se lamentó de que el llamado «período especial» había obligado a paralizar las actividades del CTTE.
No hice ningún comentario porque no procedía, pero aquella afirmación era equivocada. La realidad era exactamente lo opuesto.
Lo cierto es que el CTTE, fundado por Frank Vales y continuado por Luis Alberto González Moreno, demostró mientras existió que, incluso en una etapa tan difícil como aquella llamada «período especial», la traducción, la interpretación y la terminología podían resultar una fuente de importantes ingresos económicos para el país.
Con su fundación Frank puso en práctica en Cuba lo que en algunos países, como Canada y Francia principalmente, aunque no solo ellos, ya se conocía como industrias de la lengua, una industria cuya materia prima principal es el intelecto humano. Sin humo, como el turismo, pero menos controvertida.
Para no alargar en exceso la historia, baste consignar que, durante sus poco menos de diez años de existencia real (y, reitero, en lo más difícil del llamado «período especial»), además de poner el nombre de Cuba muy en alto en el plano intelectual internacional, en el CTTE, entre otras actividades rentables,
- se realizaron cursos internacionales en que participaron especialistas extranjeros representantes de diversas escuelas de pensamiento, sin que ello significara erogaciones para la parte cubana;
- se realizaron (entre 1991 y 1994) los encuentros internacionales denominados Expolingua Habana, que se convirtieron en el evento más importante de lenguas y culturas en América Latina;
- se realizó un convenio con productores de literatura científica soviética mediante el cual en nuestro país comenzó la traducción de revistas de ciencia y técnica en su totalidad, desde la portada hasta la contraportada (lo que llamábamos «traducción tapa a tapa»);
- se hicieron los primeros ensayos de un traductor automático para ciencia y técnica cubano;
- se creó y se comercializó el sistema Autolex, uno de los primeros gestores de terminología del mundo, en momentos en que las empresas líderes mundiales todavía no habían obtenido resultados notables en esa área;
- se elaboraron, por especialistas cubanos y daneses, y se publicaron con apoyo canadiense, los dos volúmenes de un diccionario enciclopédico de Biotecnología, concebido según las más modernas nociones de la terminología;
- como parte de la concepción de la lengua como factor importante para el progreso económico del país, se dieron los primeros pasos encaminados a crear en la sociedad la conciencia de la necesidad de una política lingüística nacional sobre bases científicas.
Si bien aquel empeño se perdió por una lamentable decisión administrativa, con la creación del CTTE, Frank y quienes lo secundaron demostraron que son infinitas las posibilidades de la traducción, la interpretación, la terminología y la enseñanza de lenguas como fuentes de ingreso para el país, incluso en momentos de grave crisis económica.
Espero que algún día alguien retome ese legado de José Francisco Vales Bermúdez, el hombre leyenda de la traducción en Cuba. El que recuerdo.
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